Hace 52 años, el 10 de marzo de 1959, miles de tibetanos se congregaron frente a la residencia de verano del Dalai Lama, para defender al líder espiritual del peligro que se respiraba en el ambiente: corría el rumor de que los chinos pretendían secuestrarlo o asesinarlo. En la ciudad de Lhasa otros miles se manifestaban en contra de la invasión china que había comenzado en 1950. El pueblo tibetano, en general pacífico, religioso y poco interesado por el progreso económico del resto del mundo, salió exaltado a las calles al grito de “chinos fuera”. Siete días después el Dalai Lama, tras consultar el oráculo, comenzó el camino del exilio. La revuelta estaba siendo duramente reprimida por el ejército chino en una evidente desigualdad de fuerzas. Dos bombas cayeron sobre la residencia de verano del líder cuando él ya no estaba allí.
Desde entonces el Dalai Lama ha fijado su residencia y el lugar oficial del gobierno en el exilio en Dharamsala, al norte de la India. Su postura se caracterizado por la calma, el intento de diálogo, la moderación y el mantenimiento de la paz. En 1989 fue merecedor del Nóbel de la Paz.
En todos los lugares del mundo se conmemora hoy el día de la revuelta. La Casa del Tíbet de Barcelona organiza una serie de eventos por este motivo: inaugura la exposición del fotoperiodista Vigya Kranti, “Las dos caras de Tíbet” en que queda plasmada la situación marginal de los tibetanos en su propio país. Además se ha convocado una marcha pacífica que sale de la sede de la Fundación Casa del Tíbet a las 19:30 hs para dirigirse a la Plaça Sant Jaume.
Marzo es un mes importante para los tibetanos por otras razones: el pasado sábado 5 dio comienzo el nuevo año 2138 o Liebre de Metal. Los actos comienzan con la luna creciente de febrero y continúan hasta la luna nueva. En el día de año nuevo se realiza el ritual de Guru Rimpoche, o el de Milarepa, la ofrenda de Tsok Köncho Chidi, y la ceremonia de ofrenda de humo blanco purificador, Ri Uo Sang Chö. Las ofrendas se hacen con el deseo de un año nuevo de paz, en el que terminen las guerras y las enfermedades.
Las Casas de Tíbet nacieron con el propósito de ayudar a los tibetanos que buscan refugio en el exilio, pero también con el de preservar y difundir una cultura milenaria que está siendo exterminada en su lugar de origen. Con marchas pacíficas, y actos no violentos los tibetanos siguen clamando ayuda internacional, para la situación del altiplano, definida por el Dalai Lama como “un infierno en la tierra”. En la Casa del Tíbet de Barcelona denuncian que hoy día “en Tíbet los tibetanos viven con miedo, no tienen libertad para estudiar en su idioma, ni para practicar sus creencias, ni libertad de expresión”. Pero sus peticiones son poco escuchadas por la comunidad internacional. En palabras de Eduardo Soto Trillo, experto en Derecho Internacional (“Viaje al abandono”, editorial Aguilar), “el derecho a la autodeterminación de los saharauis ha sido reconocido oficialmente por la ONU. Sin embargo las referencias a la situación de Tibet son mínimas en el seno de las Naciones Unidas. Y el motivo está en el veto impuesto por China”. Desde el CAT (Comité de Apoyo al Tíbet) los ánimos no decaen a pesar de que 2010 ha sido un año duro: la querella contra el gobierno de la República China por genocidio e incumplimiento de derechos humanos ha sido finalmente desestimada, avalando de esta manera la impunidad. Alán Cantos, director del CAT, lo describe así: “Tras reconocer esta impunidad, quince jueces de la Audiencia Nacional deciden poner fin a la única vía de justicia de las víctimas tibetanas, obviando todo un Derecho Penal Internacional. Tres magistrados disidentes difieren de forma contundente de la opinión de la mayoría considerando que el caso debería continuar abierto. Hace poco más de un año, las autoridades chinas exigían al Gobierno Español “el cese definitivo” del caso del Tíbet. Y así ha sido: las órdenes chinas dictadas al Ejecutivo, de forma urgente se canalizaron por el poder Legislativo”.
Comienza el año nuevo tibetano. La fuerza de la perseverancia pacífica parece definir a un pueblo que a pesar de todo proclama la ausencia de violencia. El Dalai Lama en sus declaraciones sigue enviando mensajes positivos y esperanzadores a todos los tibetanos con una inquebrantable fe en la justicia.
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